lunes, 22 de enero de 2007

viernes, 19 de enero de 2007

PIENSA EN VERDE

AL LLEGAR A UN GARITO, TE FIJAS EN LA BEBIDA Y EN EL CHICO "BELLITO"...


















CUANDO YA LLEVAS EXCESO DE ALCOHOL, EL CHICO TE PARECE MÁS "MONO" Y NO TE FIJAS EN NADA MÁS...













SI SIGUES BEBIENDO, LO ÚNICO EN LO QUE PIENSAS ES EN LO RICA QUE ESTÁ LA CERVECITA...













UN CONSEJO: BEBE CON MODERACIÓN (HIP), O LO ÚNICO QUE VERÁS (HIP) ES...













Y AL DÍA SIGUIENTE, CON LA RESACA, TODO TIENE UN COLOR ESPECIAL... ASÍ QUE, TANTO CON LA PRIVA COMO CON "EL BELLO": Piensa en verde!!!

miércoles, 17 de enero de 2007

“QUIERO DEJAR DE NO VIVIR”


Madeleine Z., de 69 años, sufría una grave enfermedad progresivamente paralizante. Se quitó la vida, durmiéndose, el viernes pasado en su casa de Alicante. Militaba por el derecho a una muerte digna. Le acompañaron dos voluntarios de su grupo proeutanasia. Temía quedarse totalmente inválida. Éste es el relato de su decisión.

Madeleine se levanta trabajosamente de la silla de ruedas, y, al abrir la cama, la estira con sus manos vencidas. Nunca pudo soportar las arrugas en las sábanas. Se quita las gafas y se atusa el pelo canoso, brillante, para tumbarse. "Estoy feliz, y contenta de tenerles aquí", sonríe. El primero en abrazarla es Jorge, un voluntario de la asociación Derecho a Morir Dignamente (DMD): "Madeleine, se muere como se vive", le dice al oído. Luego la besa Leonor, la otra voluntaria. Se sienta en la cama y la mira, los ojos demasiado brillantes.
La mujer se echa boca arriba, y se arropa, la lengua más torpe: "Huy, estoy en una nube... pero contenta... de verdad. Me voy a dejar ir despacito..."
-Como una señora- le contesta Jorge, a los pies.
-Estoy muy bien...
Levanta un momento las manos sobre la cara y las deja caer sobre el embozo. Comienza a roncar suavemente.
-Buen viaje, Madeleine. Vete en paz.
Esta escena ocurrió la noche del viernes 12 de enero, en un modesto segundo piso sin ascensor frente al Mediterráneo. La casa de la mujer.
Quince minutos antes, Madeleine Z., una viuda de origen francés de 69 años había cambiado su pijama de raso por uno viejo y cómodo, de algodón color lila. Había rebañado un vaso, torpemente -sufría de una dolencia progresivamente paralizante y fatal, la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), que debilita los músculos- en el que mezcló con helado un polvo verdoso (unos fármacos molidos que guardaba en un táper). "No puedo decir que sea mi postre preferido", anunció, mirando pícaramente por encima de las gafas, con una mueca de asco.
Los dos voluntarios enviados por DMD (cuyo nombre es supuesto, su anonimato fue requerido por la asociación) habían llegado cuatro horas antes para acompañar a la mujer, una de los 2.000 socios del grupo, en su "autoliberación". Así llama la federación pro eutanasia al suicidio cuando el enfermo está en una situación terminal o con padecimientos que juzga insoportables. Y que tiene la voluntad firme, inequívoca y mantenida en el tiempo de poner fin a su vida. Como Madeleine. "Quiero dejar de no vivir. Esto no es vida", repetía.

Iban a vivir un momento intenso, emotivo. Excepcional. Pero no ilegal, en opinión de DMD. La ley española (artículo 143 del Código Penal) castiga con la cárcel a quien induzca al suicidio o coopere "necesariamente" con él, es decir, con medios imprescindibles para que el enfermo muera, como proporcionar fármacos para un cóctel letal o recetas, según DMD. En este marco legal, la asociación facilita desde julio de 2006 a los socios con más de tres meses de antigüedad una Guía de autoliberación elaborada por médicos y revisada por juristas del grupo. Se trata de información ya publicada o que se puede hallar en Internet para procurarse una muerte digna con diversos métodos, entre ellos mediante una mezcla de fármacos. "El suicidio es impune en España, y dar información también lo es", señala el documento. DMD mantiene que, en ningún caso, induce al suicidio y ofrece a los socios acompañar sus últimos momentos con voluntarios. Madeleine aceptó. Ella había pedido la guía y conseguido la medicación. También había seguido, punto por punto, los consejos del documento. "Es la primera vez en mi vida que le hago caso a los médicos", bromeaba. "A partir de que conseguí la solución, me sentí aliviada". La mayor parte de quienes consiguen la medicación que indica la Guía de autoliberación no la utiliza nunca. Simplemente se sienten con más control, más seguros.

Sólo el 0,3% de todas las muertes son similares a la de Madeleine, según datos de una encuesta europea de 2001, que cifraba así los fallecimientos eutanásicos. En Bélgica, el último país que ha despenalizado la eutanasia (en 2002), las cifras no subieron, para sorpresa de las autoridades. Pero ahora se hacen con control médico. La mayoría de las primeras 259 muertes registradas fueron de pacientes de cáncer (82%). Pero el 8,5% de ellos, sufría, como esta mujer, una enfermedad neuromuscular evolutiva. Cuatro horas antes de que se meta en la cama, Madeleine recibe con un abrazo a los voluntarios. Ya les conocía. Ofrece una bebida: "Tengo de todo: cava, vino, saladitos y también pasteles, que ha traído ella", y señala a una amiga, que se retuerce constantemente las manos. "Pero bueno, Madeleine...", protestan. "Es para la espera".
Se abre una botella de Rueda blanco. Ella, con las manos laxas, se lleva a los labios una lata de cerveza. Jorge intenta, una vez más, asegurarse de la determinación de la mujer:
-¿Por qué no quedamos otro día, pero para charlar?
-No. Estoy mentalizada y la gente, preparada. Hoy he enviado las últimas cartas.
Y cambia de tema:
-Mira, Jorge, esa planta de ahí (señala una gran maceta) es para ti. Y a ti, además, te tengo preparados unos libros.
-¿Has dormido?
-Sí. Ayer lloré mucho, no sé por qué, yo creo que porque me acordé de todas las cosas buenas de mi vida. Esta noche he tenido un sueño. Estaba en un ataúd de acero, oxidado. Un operario lo empujaba hacia el horno crematorio, pero iba haciendo un ruido horrible, gññ. gñññ. Y yo me levantaba y le decía, "oiga, que lo está moviendo mal"-, concluye con una de sus risas, que, sin embargo, corta en seco- Yo no estoy nunca de acuerdo, siempre he estado en desacuerdo toda mi vida. Sí que he sido curiosa, me encanta la gente. Lo he pasado muy bien.
-Has vivido bien-, remacha su amiga.
-Sí, he vivido bien, pero una noche me caigo, porque me fallan las piernas, que a veces tengo que darme friegas en ellas para poder moverlas, me llevan a un hospital y me quedo en una cama hasta que me muera y a saber cómo.

Como otras muchas veces (EL PAÍS mantuvo dos largas conversaciones con ella en dos días de diciembre y una decena de comunicaciones telefónicas en enero), Madeleine, que amaba vivir sola, y lo hacía desde que se quedó viuda, 20 años atrás, cuando también su hijo, de 35 años, se fue de casa, expresa el temor de que su progresiva invalidez le robara la independencia. El médico que, a iniciativa de DMD, la visitó para evaluar su situación en dos ocasiones asegura: "Su caso es excepcional por su planificación y serenidad. Hay gente que lo plantea, pero no lo ha pensado. No tratan de evitar todo el sufrimiento, porque cuando se llega a este punto ya se ha sufrido mucho, tanto, que su vida se les hace insoportable. Madeleine intentaba no llegar a una situación para ella indecorosa. Vivió intensamente y no quiso perder su autonomía".
Hace meses que la mujer, que participó en la agitación del París de los cincuenta, fue modelo de peluquería y regentó un restaurante junto a su marido, escogió el 12 de enero para poner fin a su vida. ¿Razones?. "Es después de las Navidades, para que mi hijo y mis nietos las pasen tranquilos. Habrá llegado la pensión de Francia, para que no haya problemas económicos. Y me hallarán el sábado, el día en que mi hijo, que trabaja toda la semana fuera, está en casa".
-¿Y si tu hijo te dijera, "vente a vivir conmigo"?
-No, ni siquiera. No puedo ni coger a mis nietos en brazos. Pronto sería una carga para ellos. Mi psicólogo me buscó una residencia junto al mar, pero no quiero que me limpien el culo, ni por mí ni por los demás.
Tras la cristalera, el mar en calma se tiñe con el reflejo de la puesta de sol. La amiga decide irse.
-Cuando veas una nube regordeta, sabrás que soy yo.
Se abrazan.
-No te quiero.
-Yo a ti tampoco.
Madeleine vuelve la cara hacia la luz, con los ojos rojos.
-Me gustaría hacer una fiesta, pero esto no se lo puedes decir a todo el mundo, porque la gente no lo entiende. La muerte es mía, me pertenece.
-Tiene que haber un cambio cultural.
Quizás no tanto. Tres de cada cuatro jóvenes españoles creen que es correcto ayudar a morir a un enfermo incurable, según una encuesta de 2006. Entre los menores de 45 años, las cifras de apoyo a la eutanasia rondaban ya en 1995 un 70% y disminuían en edades superiores, pero eran mayoritarias (en torno al 53%). El PSOE prometió en su programa electoral crear una comisión parlamentaria que estudiase la despenalización de la eutanasia. No lo ha cumplido.
La tarde se va. Madeleine, cerveza en mano, habla de su hijo, de los 20 gorriones que se acercan a comer cada mañana, y de cuando le detuvieron en Barcelona en los sesenta por llevar minifalda. Con su silla de ruedas, se mete en la cocina para sacar un helado del congelador. Entonces llama a Leonor y le pide que le lleve un esqueje que tiene en un tarro con agua. Se levanta de la silla, y como una marioneta, se inclina sobre el fregadero. -Esta planta es muy delicada, las hojas se pueden rasgar fácilmente, si no tienes cuidado. Y se pasa un buen rato, casi el último rato de su vida, rodeando las raíces que ha echado un esqueje. Primero de algodón, luego de papel de cocina, luego de papel de aluminio. Cinco capas. Hablando, con su acento francés, de lo bonita y frágil que va a ser esa planta carnosa y colgante.

Terminada la tarea, Madeleine regresa con la respiración agitada, tosiendo. Así de cruel es la ELA, una enfermedad que la golpeó por primera vez en 2001, cuando el esfuerzo de levantar la puerta del garaje la tiró al suelo y no la dejó levantarse. 4.000 españoles viven con la dolencia. Seis años después, aunque Madeleine ha sobrevivido más de lo común a esta dolencia que debilita brazos, piernas y todos los músculos motores mientras se conserva la lucidez -y que mata a la mayoría de los pacientes en un plazo de 3 a 5 años desde el inicio de los síntomas, según fuentes médicas- está confinada en su casa desde hace dos años y no puede sujetar bien ni el libro que lee. Desde que le diagnosticaron, en 2003, piensa en suicidarse. "Había visto cómo mi marido [fallecido 20 años atrás] me decía todas las noches, durante tres meses: "Quítame los tubos y déjame morir", aseguraba. "Yo entonces no supe qué hacer. He pedido la eutanasia a la neuróloga, al médico de cabecera, al neumólogo, y también a varias enfermeras", decía, "sólo una de ellas me escuchó, sin facilitarme ayuda, claro. Los médicos tendrían que estar mentalizados de cuando encuentren una persona como yo, que se va a quedar inválida, prepararle para un suicidio asistido o la eutanasia, tener esta solución, que fuera algo lógico y normal. No habría que esconderse". El convencimiento de conquistar ese derecho -y también la gratitud hacia su asociación, DMD- le movió a exponer su muerte.
Como Madeleine a su neuróloga, a 8 de cada 100 médicos les han pedido sus enfermos fármacos para quitarse ellos mismos la vida, según una encuesta del CIS de 2002. La mayoría de los médicos (60%) se pronunciaba porque la ley cambiase para permitir a los enfermos recibir el suicidio asistido por un médico o la eutanasia.

Madeleine señala a Leonor un frasco de colonia.
-Me tienes que prometer que me vas a poner unas gotas de Opium cuando todo haya acabado. Me lo regaló mi marido en 1983. Me dijo: "Es perfecto para ti". Y tenía razón. Ahora sólo me puedo permitir la colonia, el perfume es muy caro.
Media hora después de que Madeleine se acostara, Amaral canta desde la radio "dormiremos a la orilla del mar..." sobre sus ronquidos. "¿Ves? Se puede morir como una señora sin necesidad de un palacio", dice Jorge. "En compañía, con sus libros, sus gatos..." y señala las dos paredes que enmarcan la cama, en las que las postales han ido robando espacio. Son imágenes del mundo, enviadas por los amigos, y también fotos de perros, loros, y gatos. 22 gatos. Hace unos meses que el suyo, Ka, fue adoptado por una amiga. No podía limpiar la caja.
Leonor asiente. Es la primera vez que acompaña en una muerte, tras haber asistido a la agonía de una amiga que recibió una sedación terminal. A lo largo del día se ha preguntado cómo tiene que ser saber que te vas a morir en un determinado momento. "Lo vives como una liberación", le respondió Jorge. Se acerca la madrugada. Los sonidos se hacen más quedos. Llega el momento en que sólo se oye la radio. Entonces, Leonor pone dos gotas de Opium en el cuello inmóvil de Madeleine. Jorge le acaricia las manos. Tras las cortinas, tras la luz de lectura que ilumina la cama en la que la vida se ha detenido, los faros de los coches que se acercan dan sensación de irrealidad. Leonor y Jorge recogen las plantas sin hablar y cierran la puerta. Bajan las escaleras a oscuras. Al día siguiente, Leonor, llorando, desnuda el esqueje en una maceta de la terraza.

lunes, 15 de enero de 2007

FOTOGRAFÍA
























HARD CANDY O LA PUTA REALIDAD


Esta es la puta realidad, información sacada íntegramente de cadenaser.com:

Miembros de la Sección de Delitos Tecnológicos de la Jefatura Superior de Policía de Barcelona, detuvieron el pasado día 10 de enero en Barcelona a un hombre de 59 años, acusado de corrupción de menores, amenazas y posesión de pornografía infantil. La investigación concluye que, haciéndose pasar por un chico de su misma edad, conoció a una joven de 15 años en un “chat” de Internet.

Ocurrió hace dos años y medio, cuando el detenido hizo creer a la menor que tras el ordenador estaba un joven como ella. Para ello, llegó incluso a utilizar fotografías de su propio hijo. Y siempre que ella pedía conocerle, le daba excusas de todo tipo para eludir el encuentro. Durante este largo tiempo, el detenido consiguió ganarse la confianza de la menor y hacer que le enviase fotos desnuda, convencida como estaba de que su "amigo" era una persona de su misma edad, de la que estaba enamorada.

Simuló un fallecimiento: Cuando llegó un momento en que el autor no podía continuar con la farsa, decidió simular que su hijo moría en un accidente de tráfico. Contactó con ella, ya como padre del supuesto joven, y le pidió que fuesen amigos.
El detenido comenzó entonces a solicitar, ya a cara descubierta, más fotografías suyas desnuda, amenazándola con publicar en Internet las que ya había recibido antes y mandarlas a las amistades si no accedía a ello. Fue entonces cuando padres de la menor conocieron los hechos e intervinieran. D.S.H., de 59 años de edad, no tenía antecedentes policiales y ha reconocido los hechos que se le imputan, por lo que ha pasado inmediatamente a disposición judicial. En el registro de su domicilio se le han intervenido imágenes y vídeos de menores captados por la web-cam, además de vídeos con agresiones sexuales a niños de 3 a 6 años.

HARD CANDY: A continuación, 2 comentarios encontrados al azar por la red de una película muy esperada, premiada y polémica; Uno es más positivo con la película que el otro.

1-"Hard Candy" arranca en un chat de Internet y termina encima de un tejado. El 90 por ciento de la historia se desarrolla en un salón de estar ocupado sólo por dos personajes. Uno es un fotógrafo que podría ser un pedófilo; o no. El otro es una adolescente resabida con mucha imaginación; hay razones sólidas para pensar que podría estar completamente loca. El juego del ratón y el gato empieza así, y sigue con intentos de seducción, chantajes emocionales, mentiras, insinuaciones, y un permanente cambio de tornas. Lo único que parece seguro es que todo acabará con alguien ganando y alguien perdiendo, pero las apuestas al ganador cambian cada cinco minutos. Contiene un guión que acumula niveles de tensión de los que sólo se ven una vez por década; una protagonista que tiene escrito el estrellato en la cara, y al menos una secuencia memorable -de la que Hitccock hubiera estado tremendamente orgulloso- sobre la manera quirúrgicamente correcta de realizar una castración.

2-Una niña de 14 años queda con un fotógrafo de 32 a través de un chat en internet. Ambos han estado hablando durante un par de semanas y ha llegado el momento de conocerse. El encuentro, en principio, es muy fructífero, pero cuando el fotógrafo lleva a la niña a su casa, las cosas se complicarán, ya que ella sospecha que él es un pedófilo, y le hará pasar por un pesadilla. Pesadilla que en ningún momento es creíble, debido al tratamiento de irrealidad que tiene la película, de lo cual se puede sacar una doble interpretación. O lo que está sucediendo es real, o no. En cualquiera de los dos casos, hay enormes fallos. La segunda opción, que yo ya he oído comentada por ahí, queda anulada en el instante en el que hace acto de presencia el personaje de Sandra Oh, metido muy forzadamente, tan sólo para indicarnos que lo que estamos viendo es cierto, y no tomemos la posibilidad de lo fantástico, a pesar de su atmósfera y su aire de cuento de terror. La película se fundamenta prácticamente durante todo su metraje en dos personajes: la secuestradora y el secuestrado; la niña y el hombre; la supuesta víctima y el supuesto culpable; caperucita y el lobo... ¡Ey, no, no! ¡Error! Esta película es "muy novedosa", "muy guay" y "muy moderna". Las cosas ya no son como solían ser. Ahora la niña será el lobo (vestida de caperucita) y el hombre será caperucita (aunque nunca lo vemos vestido de lobo). No sólo eso, el público estará de acuerdo en que es justo que "la loba" envenene, secuestre y mutile a "caperucito". Porque, supuestamente, se lo merece. Y todos los replicantes que miran la pantalla asienten con la cabeza, pensando lo original y buena que es la película.

Tal vez entre la noticia real y la película no haya nada en común. Tal vez, pero hay algo que falla en esta sociedad. Tal vez sea un caso aislado. Tal vez, pero impidamos que vuelva a suceder. Tal vez.

sábado, 13 de enero de 2007

THE PRESTIGE: EL TRUCO FINAL: PURA MAGIA...



Se abre el telón y aparecen Scarlett Johansson, Christian Bale, Hugh Jackman, Michael Caine y David Bowie. Se cierra el telón. ¿Qué es? Una nueva obra maestra de Christopher Nolan, el director de Memento y Batman Begins. Todo comienza en el agitado Londres de finales del siglo XIX. En una época en la que los magos son los ídolos más reconocidos, dos jóvenes magos se proponen labrar su propio camino a la fama. El ostentoso y sofisticado Robert Angier (Hugh Jackman) es un consumado artista, mientras el rudo purista Alfred Borden (Christian Bale) es un genio creativo que carece de la desenvoltura necesaria para mostrar al público sus mágicas ideas. Al principio, son dos compañeros y amigos que se admiran mutuamente. Sin embargo, cuando el mejor truco de ambos se echa a perder, se convierten en enemigos irreconciliables e intentan por todos los medios superar al otro y acabar con él. Truco a truco, espectáculo tras espectáculo, se va fraguando su feroz competición, que ya no conoce límites: llegan incluso a utilizar los nuevos y fantásticos poderes de la electricidad y la brillantez científica de Nikola Tesla, mientras la vida de todos los que les rodean pende de un hilo. Llena de sorpresas y revelaciones dignas de un prestidigitador, la película ahonda en un mundo fascinante en el que se exploran los más lejanos y oscuros límites de la fe, la confianza y lo posible.

Todo gran truco de magia consiste en tres actos. El primero recibe el nombre de La Promesa: el mago muestra algo extraordinario, pero, como es de esperar, probablemente no lo sea. El segundo acto se llama El Giro. El mago hace que ese algo ordinario realice algo extraordinario. Ahora bien, aunque busques el secreto, no lo vas a encontrar. Es por esto que hay un tercer acto, llamado El Prestigio. Esta es la parte de los giros y los cambios inesperados, en la que la vida pende de un hilo, y ves algo sorprendente que jamás has visto antes. Es un complejo thriller en el que abundan los misterios, las ilusiones impregnan cada acción y nada es lo que parece, excepto las primitivas emociones humanas que impulsan una lucha épica entre otros dos hombres ambiciosos. La historia proviene de la novela de Christopher Priest, El Prestigio con la que Nolan quedó fascinado declarando: “El libro creaba una fabulosa relación entre la narrativa y las técnicas e ideas usadas por los magos para engañarte e involucrarte en ese engaño. Pensé que lo más excitante sería encontrar un equivalente cinematográfico. Hay una relación muy estrecha entre lo que hacen los magos y los directores. El director es muy similar al mago en la forma en la que muestra la información, es decir, lo que decimos al espectador y cuándo lo decimos.

THE PRESTIGE nos hechiza, juega con nosotros hasta hipnotizarnos para dejarnos un final de truco abierto a la interpretación y con ganas de volver a verla (Sí, a Scarlett también). Leed algunas críticas que explican de otro modo lo que quiero decir: “Nolan dirige la película exactamente como un gran truco, de manera que quieres volver a verla al segundo de acabarse”. “Un juego de manos visualmente deslumbrante y asombrosamente inteligente que dejará a la audiencia reflexionando hasta mucho después de encendidas las luces”. Así que, con música de violín al más estilo Tamariz me despido recomendando esta peli, tirando polvos mágicos (¿Scarlett?) y diciendo: “Abracadabra” o como dice un experto: "Aférrense a las dos primeras palabras que escuchan en la película: 'watch closely' (presten mucha atención).

miércoles, 10 de enero de 2007

BANDERAS DE NUESTROS PADRES: ¿HÉROES y/o FOTOGÉNICOS?

Clint Eastwood se ha convertido en uno de los grandes directores de la historia, posiblemente sea el más importante que siga vivo junto a Scorsese y Coppola (papi, no Sofía). Después de Sin Perdón, Mystic River y Million Dollar Baby, llega una nueva obra maestra, en este caso “bélica” sobre la batalla de Iwo Jima en Japón y que desniveló la balanza de la II Guerra Mundial a favor de los americanos. Y esto, fundamentalmente por dos razones: una fotografía y sus posteriores consecuencias.

No voy a contar más de la película en sí, ya que quiero esperarme a ver la versión japonesa, o mejor dicho, la misma batalla desde el punto de vista japonés, dirigida también por Eastwood. Me parece algo muy original y desde luego si Cartas desde Iwo Jima es la mitad de buena que Banderas de nuestros padres”, el Tío Óscar debería visitar de nuevo a Clint. Y no quiero olvidarme de Paul Haggis, un guionista/director que garantiza el éxito en cada trabajo que realiza. No hay duda de que en cuanto aparecen los nombres de Eastwood o Haggis en un afiche de película, yo acabo lagrimeando cual sentimental romanticón leyendo Romeo y Julieta.

La “polémica” foto de la bandera de barras y estrellas sobre la isla japonesa me ha hecho reflexionar sobre lo importante que es la fotografía en este mundo donde vale más una imagen que mil palabras. Tal vez sea por ello (o no), por lo que me he decidido a realizar un curso en Ultravioleta (publicidad gratuita) durante 3 meses. Os seguiré informando, o más bien, fotografiando... Por último, dos frases oídas hace poco que vienen a colación de todo esto.

Andy Warhol dijo un día: “La gente dice a veces que las cosas que pasan en el cine no son reales, pero lo cierto es que lo que no es real son las cosas que pasan en la vida real. Las películas hacen que las emociones sean tan fuertes y reales que las cosas que te ocurren en la realidad son como si las vieras en la tele: no sientes nada.”

Decía un famoso escritor que “para escribir una sola palabra, hay que leer antes 5000”.

Vale, tal vez no tengan nada que ver con el resto del artículo, pero quería ponerlas. Punto. Mi pregunta final es: ¿Cuántas chicas guapas hay que ver en el cine para realizar una foto a una real?