martes, 23 de octubre de 2007

Mitos (Rosa Montero)

Qué irremisible necesidad de mitos padecemos los humanos. Lo digo al hilo del embeleso acrítico que sigue produciendo la figura del Che. Lo peor de los mitos es que encienden los sentimientos y no el cerebro. Comprendo que, en el asqueroso e inquietante mundo en que vivimos, resulte muy tentador mantener intacto un ejemplo de pureza y entrega. Un modelo de solidaridad. Un santo laico, para poder seguir creyendo en la belleza de la vida y en la viabilidad de todas esas hermosas ideas de libertad y justicia que nos calientan el corazón. Y el Che parece el héroe perfecto. Era guapo, abandonó el poder para seguir peleando, lo mataron joven. Pero la realidad es tozuda y feroz y no entiende de mitos; y en la realidad el Che fue cruel y violento. Tenía la boca llena de grandes palabras, pero se diría que despreciaba a esa gente humilde que tanto se jactaba de defender: "La dictadura del proletariado se ejerce sobre el proletariado mismo", proclamó, totalmente en serio, en un texto político. Hubo cosas peores: "Tenemos que crear la pedagogía de los paredones de fusilamiento y no necesitamos pruebas para matar a un hombre", dijo en 1959 a los Tribunales Revolucionarios. También escribió: "Un revolucionario tiene que convertirse en una fría máquina de matar". Durante sus seis meses al mando de la fortaleza de La Cabaña, mandó fusilar, tras juicios de opereta, a centenares de víctimas. Están documentadas 164. También ejecutó a 14 personas durante los años de Sierra Maestra, y otras 23 en Santa Clara. Hablo sólo de las muertes comprobadas. Hay casos bien acreditados, como el de Eutimio Guerra, en los que fue el propio Che quien reventó los sesos de los presos con su pistola. La verdad, creo que yo prefiero hacer un esfuerzo y seguir calentándome el corazón con las ideas hermosas sin tener que inventarme a un héroe para ello.

lunes, 22 de octubre de 2007

UNA IMAGEN VALE MÁS QUE....

Ayer, yendo en el metro vi una fotografía que no se puede retratar. Ni siquiera una cámara de TV o cine hubiera podido captar la belleza y sensibilidad de esa imagen que vieron mis ojos.

Entró un invidente joven en el vagón, acompañado del que deduje sería su hijo (de unos 6-7 años) y se situaron de pie cerca de las puertas, sin molestar a nadie. Había bastante gente, pese a ser sábado por la mañana, pero al llegar a Sol se quedaron 2 asientos libres enfrente de mí y pude comprobar lo que es amor paterno-filial.

El niño se puso de rodillas, mirando por la ventana del tren. Su padre le sujetaba las piernas para que no pudiera caerse y de repente le preguntó ¿Hay mucha gente? No sé lo que le contestó el niño, realmente me da igual, porque si le hubiera respondido yo, le habría dicho: “Estáis vosotros ¿importa el resto?”.

POETIC PICTURE (una de mis mejores fotis)

martes, 16 de octubre de 2007

Millás conquista el Planeta

En un afán de seguir elevando el listón literario del galardón iniciado ya en la edición del año pasado con Álvaro Pombo, el Planeta distinguió esta noche la potencia fabuladora del escritor y periodista Juan José Millás, que con una novela de corte autobiográfico consiguió los 601.000 euros del premio mejor dotado de las letras españolas. Millás presentó la obra El mundo bajo el título de A ciegas y el pseudónimo de Tiresias, el vidente ciego de Tebas más famoso de la literatura clásica.

En un Palacio de Congresos de Cataluña en Barcelona que congregó a un millar de selectos comensales del sector editorial, el escritor valenciano admitió que algunos aspectos de su biografía tejían el hilo narrativo de la novela, en la que se presenta la niñez y adolescencia del protagonista, que de muy joven deja su mundo cargado de referencias para trasladarse con su familia a Madrid. Es algo que vivió el propio escritor, el cuarto de nueve hermanos, y que contaba apenas diez años cuando sus padres dejaron en 1956 la Valencia natal para trasladarse a la capital. Atrás quedaban para el joven Juanjo, olores, luces y el mar, sensaciones perdidas, aún más dolorosas por las dificultades económicas que la mudanza no solucionó.

La adolescencia, el asalto del recuerdo y el paso del tiempo se dibujan como un tema recurrente en Millás, como ratifica el último articuento —así ha bautizado su particular mezcolanza entre periodismo y literatura— que tiene colgado en su página oficial en Internet, titulado Biografía. En esta obra juega con las palabras que le transportan a todos los objetos que han pasado a lo largo de su vida. Ese recuerdo no deja de ser una variante del tema de la identidad y del doble que ha marcado buena parte de su trayectoria literaria, que arrancó en 1972 cuando abandonó sus estudios de Filosofía y Letras y decidió presentar la historia Cerbero son las sombras al premio Sésamo de novela corta, que ganó en 1974 y que le permitió ver publicado su primer libro en 1975.

Vendrían después una serie de novelas más formales —Visión del ahogado (1977), El jardín vacío (1981)—, que cosecharon a la par ventas modestas y críticas elogiosas, pero que no daban pistas del que acabaría siendo uno de los grandes nombres de la narrativa española de los 80.
La primera prueba del nacimiento de un escritor diferente, del Millás en estado puro, sería Letra muerta (1984), donde empezaría sus particulares inspecciones a la conciencia de los personajes, a entrometerse literariamente en los recovecos piscológicos con un estilo de una falsa transparencia.

El formalismo quedó definitivamente dinamitado con El desorden de tu nombre (1988), donde Millás encontró su distancia y un formato al que después recurriría otras veces: una novela como contenedor o semilla de sus cuentos. Había ganado gran capacidad de atracción de los lectores como demostró sólo dos años después cuando en 1990 obtenía el premio Nadal con La soledad era esto. La eclosión de su figura le llevaría las primeras colaboraciones estables en prensa, en este mismo diario, y que le permitirían con el paso del tiempo abandonar su trabajo en la compañía aérea Iberia. La recopilación de sus artículos en Algo que te concierne (1995) marcaría el despegue de una actividad que ha acentuado su juego favorito: el de borrar las fronteras entre realidad y ficción y el de ofrecer siempre la otra mirada, en algunos casos cercana a la irrealidad. Ese ejercicio genuino le ha reportado infinidad de reconocimientos, como el Mariano de Cavia (1988), el Germán Sánchez Ruipérez (2000) y el Miguel Delibes (2002), todos ellos por artículos aparecidos en EL PAÍS. El último gran ejercicio entre periodismo y literatura apareció hace tres años con un título bien paradigmático: Hay algo que no es como me dicen. El caso de Nevenka Fernández contra la realidad.

El orden alfabético (1998), No mires debajo de la cama (1999) y Dos mujeres en Praga (2002, premio Primavera de novela), completan la biblioteca básica de un autor que con el Planeta ha conseguido el tercer gran premio literario de su carrera, otorgado en su 56 edición por un jurado integrado por Alberto Blecua, Alfredo Bryce Echenique, Pere Gimferrer, Carmen Posadas, Soledad Puértolas, Rosa Regàs y Carlos Pujols. Millás se impuso ante 468 obras más, la mayoría procedente de España (211), pero también de Estados Unidos (12) y hasta de Australia (1), y que tenían en la novela histórica el género predominante.

jueves, 11 de octubre de 2007